El desarrollo de videojuegos ha evolucionado radicalmente desde sus orígenes en los años sesenta. Lo que comenzó como una actividad experimental y técnicamente limitada, hoy constituye una industria global altamente especializada y en constante transformación. A lo largo de esta evolución, los videojuegos han adoptado nuevas tecnologías, procesos y formatos, pero también han requerido la integración de equipos multidisciplinarios que trabajan en conjunto para llevar una idea a convertirse en un producto interactivo de calidad.
Sin embargo, en el ámbito educativo, especialmente en universidades e instituciones de formación técnica, hemos detectado una necesidad persistente: la falta de una hoja de ruta que oriente de forma clara y estructurada el camino formativo de quienes desean integrarse a un equipo de desarrollo de videojuegos. Aunque existen múltiples recursos técnicos para el desarrollo de software, lo cierto es que el desarrollo de videojuegos implica una complejidad adicional, ya que se nutre de disciplinas tan diversas como la ingeniería, el arte, la narrativa interactiva, el diseño de experiencia de usuario, la producción audiovisual y la gestión de proyectos.
En este contexto, nuestro capítulo “De la idea al juego: una hoja de ruta basada en el modelo de TSPi para la conformación de equipos de desarrollo de videojuegos”, parte del Libro Blanco (1973-2023), busca ofrecer una herramienta educativa integral que no solo contemple los conocimientos técnicos requeridos, sino que también promueva una comprensión colaborativa de los roles que intervienen en el desarrollo de videojuegos. Basándonos en el modelo TSPi (Team Software Process for Introduction), proponemos una hoja de ruta que articula la formación necesaria para desempeñar cuatro roles clave: diseñador de juegos, desarrollador, artista y productor.
La metodología empleada se fundamentó en una revisión sistemática de literatura académica y fuentes especializadas de la industria. Utilizamos bases de datos como Web of Science y Google Scholar, junto con publicaciones no académicas pero relevantes, como blogs técnicos y materiales de formación profesional. A partir de este análisis, organizamos el conocimiento en categorías temáticas emergentes que reflejan las competencias actuales requeridas por cada rol.
Esto es, para el diseñador de juegos, identificamos áreas formativas como la teoría de gameplay, frameworks de diseño, patrones lúdicos, prototipado, narrativa interactiva y teorías del jugador. Para el desarrollador, se abordan competencias técnicas que van desde el dominio de sistemas operativos, lenguajes de programación y motores de juego, hasta áreas avanzadas como inteligencia artificial, redes, optimización, automatización de control de calidad y desarrollo multijugador.
El artista de videojuegos, por su parte, requiere formación en ilustración digital, modelado 3D, animación, edición de video, diseño de interfaz, composición de audio y el uso de software profesional como Blender, Unity, Unreal Engine y Adobe Creative Suite. Finalmente, el rol del productor demanda habilidades en gestión de producto, comunicación estratégica, marketing, publicación, coordinación de subcontratistas y control de calidad.
Un aspecto central de nuestra propuesta es que esta hoja de ruta no presenta los roles como compartimentos aislados, sino como partes interconectadas de un proceso colaborativo. De este modo, promovemos una visión holística en la que los miembros de un equipo comprenden no solo su propia labor, sino también las interdependencias con otras disciplinas. Esta comprensión cruzada consideramos mejora la comunicación y la eficiencia del equipo, además de potenciar la innovación y la calidad del producto final.
También diseñamos la hoja de ruta para que sea adaptativa y actualizable, reconociendo que la industria del videojuego es una de las más dinámicas y tecnológicamente cambiantes del sector creativo. Nuestra propuesta contempla esta realidad al permitir ajustes periódicos que incorporen nuevas herramientas, tecnologías emergentes y cambios en las prácticas laborales.
En resumen, nuestra hoja de ruta formativa busca cerrar la brecha entre teoría y práctica, ofreciendo una herramienta útil tanto para estudiantes como para docentes, instituciones educativas y profesionales en formación. Al fomentar una preparación integral y una comprensión profunda de los roles implicados en la creación de videojuegos, aspiramos a fortalecer los equipos de desarrollo, optimizar los procesos de producción y contribuir a la formación de profesionales mejor preparados para enfrentar los retos y las oportunidades de esta industria apasionante.
Para conocer más al respecto sobre este proyecto, te invitamos a leer el capítulo completo en https://doi.org/10.53897/LI.2025.0011.UCOL.







