¿Sabías que en México se han creado más de mil videojuegos? ¡Sí, mil!. Y aunque no todos tengan un tráiler con voz épica o millones de descargas, cada uno de ellos representa algo grande: pasión, creatividad y una lucha constante por destacar en una industria global que no perdona a los débiles de código.
El día de hoy, los autores del capítulo de apertura del Libro Blanco del Desarrollo de Videojuegos en México 1973-2023 queremos contarte una historia que se juega con controles, se programa con el alma y se vive pixel a pixel: la historia de la industria mexicana del videojuego. Spoiler: hay retos, pero también muchísimo potencial.
¿Cómo es la industria mexicana?
La industria del videojuego en México está en plena expansión. Y no hablamos solo de gente jugando FIFA o Free Fire en en sus celulares (que también cuenta, claro), sino de una comunidad activa de estudios, colectivos y desarrolladores independientes que están apostando por contar sus propias historias.
Y no solo eso: estos creativos están aprovechando lo mejor de la tecnología para generar experiencias inmersivas, emocionantes, e incluso educativas. ¡Porque sí, los videojuegos también enseñan!
Según datos de Statista, el 77% de la población mexicana juega videojuegos. Eso son más de 100 millones de personas. Y en términos económicos, esta pasión se tradujo en ventas por 1.1 mil millones de dólares en 2022. Si se incluyen hardware y publicidad, la cifra asciende a 3.54 mil millones. ¿Increíble no crees?
La creatividad como motor de cambio
En México, ser creativo no es un lujo, es una necesidad. Y si esa creatividad se canaliza bien, puede convertirse en una fuente sólida de ingresos y de orgullo nacional.
La creatividad impulsa lo que hoy se conoce como economía naranja: esa parte de la economía que se basa en la producción de bienes y servicios intangibles como arte, diseño, cultura, innovación… y videojuegos. A nivel mundial, esta economía representa más del 6% del PIB, y en México, contribuye con alrededor del 7%.
Pero ojo: no todo es glamour y créditos al final. Muchos desarrolladores mexicanos todavía enfrentan serios problemas para sostener su labor creativa. Ingresos bajos, proyectos autofinanciados y dificultades para encontrar publishers son parte del día a día. Aun así, ahí siguen, creando mundos desde sus habitaciones, cafés o pequeños estudios.
¿Qué se está haciendo y quién lo está haciendo?
México es hogar de una comunidad cada vez más organizada. Por ejemplo, DVJ MX es una red que agrupa a más de 230 miembros de 49 estudios y 8 colectivos, todos trabajando en distintos proyectos relacionados con el desarrollo de videojuegos. No están solos: también existen iniciativas como INDI-ES, diferentes capítulos de IGDA, GDMEX, Foro Layout, DIGRA MX y redes regionales e internacionales como Game Audio LATAM o la Comunidad de Desarrolladores de Juegos Serios.
Y si te preguntas si realmente se hacen juegos aquí, la respuesta es un rotundo ¡sí!. En abril de 2024, se contaron 1,091 videojuegos mexicanos documentados. El primero de todos fue la famosa “Consola Nesa Pong”, lanzada en 1973 por el ingeniero Morris Behar. Desde entonces, la creatividad no ha parado.
Los años más prolíficos hasta el momento han sido 2020 y 2022, posiblemente por el impulso de la pandemia y el tiempo libre que ofrecía (¡gracias, cuarentena!). Entre los géneros más populares destacan los juegos de acción, casuales, rompecabezas y educativos.
¿Y cómo se hacen estos juegos?
Spoiler: no se hacen con magia (aunque a veces lo parezca). Se hacen con herramientas como Unity, que domina como el motor de desarrollo más usado por los creadores mexicanos (casi el 50% de los juegos registrados). Otros motores como Unreal o Godot también están presentes, pero en menor medida.
Esto se debe a muchas cosas: Unity es accesible, tiene buena documentación, y es amigable con quienes se inician en el desarrollo. Pero también plantea preguntas: ¿qué tan dependiente es la industria local de una sola herramienta? ¿Qué pasaría si Unity cambia sus políticas o incrementa sus precios, como ya ha hecho antes?
¿Y dónde se venden?
Principalmente en plataformas digitales. El canal rey es Google Play Store, seguido por Itch.io y Steam. La venta de juegos físicos es prácticamente inexistente (solo 23 títulos reportados), lo que refleja un cambio cultural y logístico. Además, lanzar físicamente implica costos que muchos estudios independientes no pueden asumir.
¿Y la parte difícil? Destacar. En plataformas como Steam, se publican cientos de juegos cada semana. Ser visto entre tanto contenido requiere estrategias de marketing, promoción, y… sí, dinero.
¿Y el dinero? ¿De qué viven?
Aquí viene la parte dolorosa del juego: la rentabilidad sigue siendo una jefatura final sin código de trucos. En encuestas realizadas por el diseñador, desarrollador y blogger Gonzalo “Phill” Sánchez, el 50% de los encuestados ganan menos de 20 mil pesos mensuales, y el 42% declaró haber terminado el año en números rojos. 😬
La mayoría financia sus proyectos con dinero propio (46%), mientras que un pequeño porcentaje accede a inversión privada, apoyos gubernamentales o préstamos bancarios. Solo el 2% recibió apoyo de publishers, lo que evidencia una brecha de acompañamiento financiero.
Pero también hay esperanza: cada año aparecen más estudios que logran consolidarse, obtener ganancias, y profesionalizar su operación. La clave está en el apoyo comunitario, en políticas públicas adecuadas, y en una mejor comprensión del ecosistema por parte de instituciones y consumidores.
¿Qué sigue?
Para que la industria siga creciendo, necesita de todos:
- Jugadores, que consuman productos hechos en México y recomienden juegos nacionales.
- Desarrolladores, que compartan conocimiento y se unan a redes colaborativas.
- Educadores, que impulsen programas de formación actualizados y pertinentes.
- Gobierno, que ofrezca incentivos, financiamiento y marcos regulatorios amigables.
- Medios, que visibilicen el trabajo local.
- Investigadores, que documenten, analicen y fortalezcan la comprensión del sector.
Si te interesa aprender más sobre la industria y conocer a detalle toda la información que encontramos como parte del Libro Blanco, te invitamos a leer más al respecto en: https://doi.org/10.53897/li.2025.0011.ucol







